“La historia de un guionista que tuvo cuatro meses para evitar la muerte”
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Monday, 01 de May de 2006
Hoy se cumplen los 4 meses pautados al inicio de este blog. El objetivo que me había propuesto por entonces no está cumplido ni mucho menos. No he conseguido el empleo que tanto me desvela y tengo hoy menos certezas que incertidumbres.
Sin embargo, lo que si tengo es gratitud: Hacia ustedes por permitirme esta catarsis, hacia Guntler por estar ahí, hacia la señorita Haifa por mantener su propuesta con insistencia, hacia ciertos amigos (y ciertos comentarios de algunos de ustedes) que en su momento me han arrancado de las profundidades del lodo, y hacia Victoria porque sin saberlo ha sido una luz.
Todos ellos me han rescatado, aunque lo ignoren. Me voy, no sé a donde, pero me voy.
Hasta siempre.
Por: Maximiliano Blumenfeld | General | Comentarios (6) | Referencias (0)
Thursday, 27 de April de 2006
Como se consumen. Tan veloces que uno prácticamente no ha terminado de contarlos (sobre todo cuando son escasos) que ya se están yendo.
Mis reservas de dinero han comenzado a mermar de forma regular, con una constancia que ya quisiera tener yo para mi persona.
Pensaba en estos últimos cuatro meses, en mi anhelo por conseguir un empleo en la TV en donde se me canjee guiones por cheques (y otras satisfacciones mundanas).
En fin, pensaba en alejarme de la frustración. Mientras tanto, como se van los ahorrros, es admirable la constancia que poseen.
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Tuesday, 25 de April de 2006
Finalmente, con Victoria elegimos Crash. Bien, que sé yo, la verdad es que le presté la atención que pude. Aunque a oscuras es como que uno se siente vigilado en esas circunstancias.
Luego de la peli nos fuimos a caminar por las librerías de Corrientes. Entre libros le terminé de contar mi búsqueda. Se sorprendió (y yo con su sorpresa) que haya alguien que pueda morir por un anhelo.
En un momento, mientras ella sostenía un libro de fotografías de Man Ray, le pregunte:
-¿Qué harías por conseguir algo que te desvela?
- Todo…
- ¿Y si no lo consigues?
- Haría más…
- Y si aun así no lo consigues.
- Pues entonces en algo he fallado.
Tomamos un mojito en Rey Castro y caminamos por San Telmo. En una esquina, esperando por el semáforo, la besé suave. Nos estaqueamos (y lo digo en forma literal) durante 45 minutos en esa esquina.
Más tarde, y con la sonrisa que dibujan los primeros besos, volví a casa pensando que en breve se cumplen los 4 meses propuestos para este blog. Me pregunto en que he fallado.
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Saturday, 22 de April de 2006
No recordaba que era tan complicado elegir una película para una primera cita…
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Tuesday, 18 de April de 2006
Habíamos quedado en el “allí voy”. Pues ese día finalmente le hablé. Tímido, como suelo ser en general; estúpido, como suelo ser en particular ante la mujer que me atrae.
“Camino los pocos metros hasta el mostrador de Victoria y pienso en algo inteligente con que abordarla. ¿O mejor algo gracioso? Ni uno ni lo otro, las leyes de Murphy…
- ¿Me cobras la máquina…?
- ¿La diez?
- Eh… si
- Un peso
Mientras busco en el jean la moneda plateada pienso en que deberían hacer monedas de medio centavo. El tiempo, bendito aliado, maldito traidor.
Y entonces sucede, Victoria destila una sonrisa cansina y me animo.
- Me llamo Maximiliano y estoy escribiendo mi vida en una página de Internet…
- Que bueno –me interrumpe, amable, confundida, pero no la escucho.
- En mi casa no tengo computadora, pero si la tuviera vendría igual.
- ¿Perdón?
- Que vendría igual, si tuviera computadora vendía igual… -y entonces veo como sus ojos asueñados dejan de serlo. Se sorprende, pero no tanto.
- Me llamo Victoria y yo también... si tuviera una máquina en mi casa tendría que venir igual”.
Este vago recuerdo queda en mi frágil memoria. Y si, la frase inteligente y el humor quedaron en manos femeninas… y no debería sorprenderme.
Lo cierto es que luego de ese día tuvimos un segundo encuentro… y fue recién ayer.
Fui al cyber y la invité, sin más, a tomar una cerveza. Pasada la medianoche volví al local y nos fuimos caminando a un bar de por aquí cerca. Es un bar chiquito, en una esquina del barrio de Congreso, pero recuerdo que una madrugada de julio el dueño me contó el secreto de su éxito: Todas las noches, sin excepción, pasa cuatro temas del viejo Frank.
Con Victoria hablamos durante casi tres horas: sé que estudia Diseño Gráfico, que vive con dos amigas en un departamento de Floresta, que es hija única, que le gustan los caramelos de ananá, que de chica soñaba con ser veterinaria pero que tiene alergia a los pelos de gato, que una vez se cruzó con Raphael por la calle, que los jueves habla con sus padres, que tuvo un novio que ahora es famoso, que le gustó esta página aunque no la ha leído, que el sábado iremos al cine.
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Sunday, 16 de April de 2006
El sábado por la noche filmamos el cumpleaños de Candelaria. En un momento, mientras yo mismo empuñaba la cámara con la que registré ese “guión”, me di cuenta que jamás había asistido a un cumpleaños de 15 en calidad de invitado.
Recordé entonces, aquella fiesta a la que no fui. Yo había cumplido los 16 y mi “noviecita” de entonces, Julieta, organizaba sus 15.
Y todo por una travesura. El martes anterior al cumpleaños teníamos prueba de matemáticas (algo que hasta no muy poco era tan odiado por mí como la guerra en el mundo o las frituras en general). Para evitar aquel examen recurrí a lo mas bajo de mi persona.
La profesora, una tal Ana Simbrosky (aprovecho para disculparme) solía llegar al aula con una taza de té. Unas exageradas gotas de un vomitivo comprado ad hoc hicieron lo suyo y ese día no hubo prueba. A mis compañeros los evaluaron tres días más tarde, cuando “la Simbrosky” retomó sus tareas. Nunca supe bien quien lanzó mi nombre, pero lo cierto es que llamaron a mi madre y la “invitaron” a buscarme una nueva institución educativa.
Por supuesto, ante mis amigos y mi novia juré que tenia todo controlado, que por nada del mundo faltaría a esa fiesta tan esperada y prometedora. Recuerdo que Julieta me dijo: “Antes de fiesta tengo una sorpresa para vos”.
¡Guau, lo que soñé con esa bendita sorpresa!
Mi madre, pobre mi madre, intentó como pudo poner orden en mi desordenada vida de adolescente. Durante los siguientes 5 días hice buena letra. Recuerdo con gracia como agarraba los apuntes de la materia que fuera cuando sentía que mi madre se acercaba a mi cuarto.
El sábado, a eso de las 2 de la tarde le pedí que me dejase ir al cumpleaños de Julieta (realmente estaba enamorado de ella, pero sobre todo quería ir para que nadie sintiese que había sido castigado, que era realmente un niño).
Su respuesta fue un rotundo NO. Se lo pedí, se lo rogué, se lo supliqué. Los NO de mi madre fueron cada vez más sonoros. Llegué a jurarle que había aprendido la lección, que levantaría cada una de las 13 materias. De nada sirvió, pues ese sábado me quedé encerrado en mi habitación intentando no escuchar el maldito teléfono que sonaba una y otra vez.
Al lunes siguiente, en el colegio, mentí diciendo que mi ausencia había sido producto de un malestar que llegó incluso a hospitalizarme por unas horas. Mis amigos se burlaron, y Julieta me pidió el “divorcio”. Ese lunes dejé de ser el líder que ellos querían que yo fuese.
Este sábado, mientras filmaba a los amigos de Candelaria, me busqué entre ellos para decirle al pibe de 16 años que supe ser: Querido Maximiliano… ¡hay que ser pelotudo para perderse una fiesta de 15 por una prueba de matemáticas!
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Friday, 14 de April de 2006
Mañana filmamos el guión que escribí para el cumpleaños de 15 de Candelaria.
Es una familia de dinero, despejé mis dudas cuando me llevaron al salón en donde se va a realizar la fiesta. No es un castillo, pero se le acerca muchísimo.
Serán mis primeros dinerillos como guionista desempleado.
Debo decir que estoy contento. Tal vez sea una alegría pasajera, quién sabe. Lo cierto es que se siente bien.
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Tuesday, 11 de April de 2006
La verdad es que los primeros días de desempleo son de los más disfrutables:
- Dormir hasta tarde.
- No tener que verle la cara a mi jefe.
- No estar en medio de esa oficina con luz artificial todo el maldito día.
-Levantarme con ganas. De lo que sea, no importa, pero con ganas.
-Sentir que he hecho algo que puso en riesgo mi segura e infeliz vida de oficinista.
(Y la lista sigue. ¿Que cosas harías si pudieras no ir al trabajo?)
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Tuesday, 04 de April de 2006
Por primera vez en mucho tiempo me he arrojado a la pileta sin siquiera chequear de reojo si hay agua en ella.
Es aterrador, y es infinitamente liberador. Estoy desempleado, el lunes (tal lo planeado) me quedé en la cama hasta las 10 de mañana a sabiendas de que el jueves 23 de marzo había sido mi último día en la ratonera.
No sé que será de mi vida, pero solo sé que sé una cosa: Nunca más voy a volver a trabajar en una oficina.
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Sunday, 26 de March de 2006
Sin intentar politizar este espacio (porque el discurso de que “todo es política” es correcto, pero falso) debo decir que ha sido el dolor lo que me ha alejado de esta bitácora, y ha el sido el dolor lo que me trajo de regreso.
Durante los últimos veinte días, tal vez más, he vivido en el más absoluto de lo limbos, aunque debiendo continuar con una rutina que asegure el sustento de ciertas obligaciones.
Un sábado de madrugada, durante la última semana de febrero, estaba en mi casa de Congreso cuando sonó el timbre de la puerta principal. Era Eduardo Guntler, un licenciado en psicología a quien había conocido un mes antes en el taller del Gordo Caburé.
Esa noche, horas antes de su arribo, lo llamé por primera y única vez, llorando, embebido en una angustia incontenible. No recuerdo bien la totalidad de la charla, pero si su inicio.
- ¿Guntler?
- Él habla
- Soy Maximiliano Blumenfeld, nos conocimos en el taller mecánico de un amigo el día que usted se quedó con el auto.
- Claro, Blumenfeld. ¿Cómo le va, a que se debe su imprevisto llamado?
Y ahí mismo, sin más, sin tomar en cuenta nuestra condición de absolutos extraños, me largué a llorar como un niño. Charlamos durante casi una hora. Le manifesté mi deseo de morir, pero al instante confesé mi cobardía para hacerlo por mano propia. Quedamos en vernos en la semana, pero pasadas unas horas tocó a mi puerta. No sé donde se ha recibido este hombre, no sé a que escuela de psicología suscribe, pero la cuestión es que llegó con un vino en la mano.
La conversación que mantuvimos hasta pasadas las 5 de la mañana me dejó lleno de preguntas, de dudas, aunque también me condujo a relativas certezas.
El dolor. El dolor que me producen nueve horas en una agobiante ratonera realizando inútiles tareas administrativas es una de ellas.
Pasaron más de veinte días desde aquella relajada charla con Guntler, más de veinte pensamientos, más de veinte indecisiones, más de veinte llantos.
El jueves por la tarde, al salir de la ratonera tuve una certeza. El lunes, a primera hora, llegará mi telegrama de renuncia.
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Friday, 24 de March de 2006
Ni olvido, ni perdón.
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Saturday, 04 de March de 2006
Desde aquel pasado 22 de febrero, cuando publiqué Poncio Pilatos en esta bendita bitácora, mucha agua ha corrido bajo las bases de este puente.
Hoy, diez noches más tarde, debo decir que este puente está cansado. Será tal vez que han visto sus columnas, en estos 35 años, más aguas propias del Riachuelo que de los cristalinos fiordos noruegos.
Las cilíndricas paredes de concreto que sostienen la construcción están llenas del fangoso musgo que producen las aguas servidas.
La infancia, las frustraciones, la desdicha. Ojala la vida fuera sueño.
Estoy cansado queridos, desanimado, sin ganas. Solo quería que sepan el porqué de mi ausencia.
Ya pasará, como todo.
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Wednesday, 22 de February de 2006
Por problemas en el sitio de Bitacoras.com durante los últimos días no se han podido subir anotaciones. Sepan disculpar las taras de la tecnología.
Nadie es perfecto, menos las máquinas.
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Saturday, 18 de February de 2006
A través de un amigo que estudia realización de cine en una escuela del estado encontré un camarógrafo.
Se llama Roque y es hijo de un histórico cameraman de Canal 13. Es de los que quieren hacer camino solo, sin manos amigas que alisen la montaña. No trabaja en Canal 13.
Tiene una Panasonic bien cotizada con la que hace y deshace trabajos free lance. Pues bien, me cuenta que la máquina no tiene seguro y me plantea un problema y su posible solución: Filmar el falso documental para los 15 de Candelaria exclusivamente en interiores.
Ok, deberé olvidar la toma que había pensado rodar en las cataratas del Niágara.
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Tuesday, 14 de February de 2006
Una chica alta, de dedos flacos y ojos asueñados, me ve parado en la puerta de un ciber esperando que me abran. La chica estira el brazo y la chichara suena bien aguda. Cuando estoy a unos pasos de su mostrador arroja un saludo al viento y toma un cartón rectangular con el número 16 impreso en tinta negra. Devuelvo el saludo, por lo bajo, inaudible, y con la mirada hacia el suelo tomo el cartón ajado. Me voy.
Hago dos metros, tal vez menos, y me doy vuelta de un giro. El corazón bombea de más. Vuelvo hacia el mostrador desde donde Victoria reparte minutos de Internet:
-Disculpame… -digo casi sin voz, sudando las manos.
-Decime -responde ella, mientras le cobra a un pibe de unos 10 años.
-Podrías darme la máquina… ¿diez?
-Son dos con veinte…
Mientras el pibe de 10 años deposita una parva de monedas sobre el mostrador, me quedo estaqueado como una excalibur, como un nene al que lo retan fiero.
-La diez… como Maradona -vuelve ella, con una sonrisa a medias.
-Eh?
-Maradona, diez -y levanta los pulgares señalando su espalda.
-Ah, si claro… es que… ahí tengo un pequeño archivo de…
Antes de que termine la frase Victoria me extiende el cartón con el número diez. Le devuelvo el dieciséis. Me mira un segundo, y es suficiente para que mis pasos se dirijan, sin más, hacia la máquina solicitada.
Durante casi una hora no escribo otra cosa que pavadas. Miro por el monitor que la refleja, escribo alguna pavada. Miro por el monitor que la refleja, escribo otras tantas.
Cuando el contador indica que está por cumplirse la hora, me armo de valor y me convenzo de que es mi hora.
Allí voy, a hablarle a la chica a la que le diría que en algún lugar de Buenos Aires hay una mesa en la que se lee: “Si supieras lo que te a…”. Allí voy.
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