Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Cuatro Meses

Acerca de

“La historia de un guionista que tuvo cuatro meses para evitar la muerte”

Búsqueda

Categorías

Sindicación

Añadir a Feedness
RDF XML ATOM

Créditos

Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com

Domingo, 26 de marzo de 2006

Dolores

Sin intentar politizar este espacio (porque el discurso de que “todo es política” es correcto, pero falso) debo decir que ha sido el dolor lo que me ha alejado de esta bitácora, y ha el sido el dolor lo que me trajo de regreso.
Durante los últimos veinte días, tal vez más, he vivido en el más absoluto de lo limbos, aunque debiendo continuar con una rutina que asegure el sustento de ciertas obligaciones.
Un sábado de madrugada, durante la última semana de febrero, estaba en mi casa de Congreso cuando sonó el timbre de la puerta principal. Era Eduardo Guntler, un licenciado en psicología a quien había conocido un mes antes en el taller del Gordo Caburé.
Esa noche, horas antes de su arribo, lo llamé por primera y única vez, llorando, embebido en una angustia incontenible. No recuerdo bien la totalidad de la charla, pero si su inicio.

- ¿Guntler?
- Él habla
- Soy Maximiliano Blumenfeld, nos conocimos en el taller mecánico de un amigo el día que usted se quedó con el auto.
- Claro, Blumenfeld. ¿Cómo le va, a que se debe su imprevisto llamado?

Y ahí mismo, sin más, sin tomar en cuenta nuestra condición de absolutos extraños, me largué a llorar como un niño. Charlamos durante casi una hora. Le manifesté mi deseo de morir, pero al instante confesé mi cobardía para hacerlo por mano propia. Quedamos en vernos en la semana, pero pasadas unas horas tocó a mi puerta. No sé donde se ha recibido este hombre, no sé a que escuela de psicología suscribe, pero la cuestión es que llegó con un vino en la mano.
La conversación que mantuvimos hasta pasadas las 5 de la mañana me dejó lleno de preguntas, de dudas, aunque también me condujo a relativas certezas.
El dolor. El dolor que me producen nueve horas en una agobiante ratonera realizando inútiles tareas administrativas es una de ellas.
Pasaron más de veinte días desde aquella relajada charla con Guntler, más de veinte pensamientos, más de veinte indecisiones, más de veinte llantos.
El jueves por la tarde, al salir de la ratonera tuve una certeza. El lunes, a primera hora, llegará mi telegrama de renuncia.

Por: Maximiliano Blumenfeld | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

Comentarios

Comentar


Recordar datos

LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009