“La historia de un guionista que tuvo cuatro meses para evitar la muerte”
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Martes, 11 de abril de 2006
La verdad es que los primeros días de desempleo son de los más disfrutables:
- Dormir hasta tarde.
- No tener que verle la cara a mi jefe.
- No estar en medio de esa oficina con luz artificial todo el maldito día.
-Levantarme con ganas. De lo que sea, no importa, pero con ganas.
-Sentir que he hecho algo que puso en riesgo mi segura e infeliz vida de oficinista.
(Y la lista sigue. ¿Que cosas harías si pudieras no ir al trabajo?)
Por: Maximiliano Blumenfeld | General | Comentarios (4) | Referencias (0)
Max, estoy de acuerdo con vos. Hace ya muchos años, un día -sin motivo demasiado valedero- le mandé a mi jefe la puteada más impresionante que jamás haya recibido en su vida... por supuesto que me quedé sin trabajo. Al día siguiente me convertí –para mis amigos- en la justiciera de los oprimidos y desharrapados del mundo. Y fui feliz porque:
ponía el despertador a las 8 de la mañana para sentir el placer de apagarlo y seguir durmiendo, tomaba sol desde que salía hasta que se iba en el maravilloso balcón que tenía mi departamento de Palermo, me escarbaba la nariz los martes al mediodía, dejé de plancharme la ropa paqueta de laburo, iba a los bares y me quedaba hasta la madrugada tomando cerveza, al mediodía nos juntábamos con Nacho –mi vecino- a leer a García Lorca y almorzar con un vino de por medio, e insisto... fui feliz.
En lo que no coincido con vos es en que sea el sueño americano. A los desagradables del norte les decís: "tenés todo el tiempo del mundo para perderlo, disfrutalo" Y piden por favor regresar al trabajo porque no saben qué hacer con él.
La Maga | 11-04-2006 15:43:13
Es que acaso hasta el ser "americanos" nos han quitado?
Besos Maga ("estamos sin buscarnos, pero para encontrarnos").
Maximiliano | 12-04-2006 03:11:45
No sólo el ser americanos nos han quitado querido Max, también los sueños…
“¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas…”
Mas besos.
La Maga | 12-04-2006 16:12:07
San Marcos | 18-04-2006 14:11:56