“La historia de un guionista que tuvo cuatro meses para evitar la muerte”
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Martes, 18 de abril de 2006
Habíamos quedado en el “allí voy”. Pues ese día finalmente le hablé. Tímido, como suelo ser en general; estúpido, como suelo ser en particular ante la mujer que me atrae.
“Camino los pocos metros hasta el mostrador de Victoria y pienso en algo inteligente con que abordarla. ¿O mejor algo gracioso? Ni uno ni lo otro, las leyes de Murphy…
- ¿Me cobras la máquina…?
- ¿La diez?
- Eh… si
- Un peso
Mientras busco en el jean la moneda plateada pienso en que deberían hacer monedas de medio centavo. El tiempo, bendito aliado, maldito traidor.
Y entonces sucede, Victoria destila una sonrisa cansina y me animo.
- Me llamo Maximiliano y estoy escribiendo mi vida en una página de Internet…
- Que bueno –me interrumpe, amable, confundida, pero no la escucho.
- En mi casa no tengo computadora, pero si la tuviera vendría igual.
- ¿Perdón?
- Que vendría igual, si tuviera computadora vendía igual… -y entonces veo como sus ojos asueñados dejan de serlo. Se sorprende, pero no tanto.
- Me llamo Victoria y yo también... si tuviera una máquina en mi casa tendría que venir igual”.
Este vago recuerdo queda en mi frágil memoria. Y si, la frase inteligente y el humor quedaron en manos femeninas… y no debería sorprenderme.
Lo cierto es que luego de ese día tuvimos un segundo encuentro… y fue recién ayer.
Fui al cyber y la invité, sin más, a tomar una cerveza. Pasada la medianoche volví al local y nos fuimos caminando a un bar de por aquí cerca. Es un bar chiquito, en una esquina del barrio de Congreso, pero recuerdo que una madrugada de julio el dueño me contó el secreto de su éxito: Todas las noches, sin excepción, pasa cuatro temas del viejo Frank.
Con Victoria hablamos durante casi tres horas: sé que estudia Diseño Gráfico, que vive con dos amigas en un departamento de Floresta, que es hija única, que le gustan los caramelos de ananá, que de chica soñaba con ser veterinaria pero que tiene alergia a los pelos de gato, que una vez se cruzó con Raphael por la calle, que los jueves habla con sus padres, que tuvo un novio que ahora es famoso, que le gustó esta página aunque no la ha leído, que el sábado iremos al cine.
Por: Maximiliano Blumenfeld | General | Comentarios (0) | Referencias (0)